Vas recorriendo a solas
el jardín,
despacio y sin cuidados,
mientras el verso fluye
entre la niebla
y el asomo lejano
de la luz.
Todo lo que vas viendo
te sorprende.
¿Qué puedes esperar,
más que lo inesperado?
Que las hierbas que pisas
son carne de tu carne.
Que la luna saldrá
cuando tú se lo digas.
Que no hay diferencias
entre el jardín y tú.
Caminas muy despacio,
para que todo pueda
sorprenderte.
Y te vas alejando,
tanto que, ya incapaz
el verso de seguirte,
se detiene.
José Corredor-Matheos
2 comentarios:
Sereno y delicado , ha merecido la pena esperar . Pobre de aquél que ya no espera nada (aunque sólo sea lo inesperado).
Teresa.
Ha conseguido por unos segundos que siga a una luz y sienta el olor a humedad de la hierba...
MJ.
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