Antonio Skármeta.
lunes, 14 de mayo de 2007
Entre todas las cosas lo primero es el mar (fragmento), de El entusiasmo
Nos desvestimos en el coche, nos pusimos las mallas, y caminando lentamente fuimos a tendernos cerca de la orilla. Mi primo hundió el rostro en la arena, extendió los brazos, y se mantuvo jugando a coger entre las manos puñados de arena, y apretarlos, y a soltarlos lentamente después. Angélica se tendió de espaldas y yo permanecí sentado, fumando y contemplando su cuerpo moreno con la cabellera negra brillando en la arena, y deseándola. Así mismo la había conocido hacía un año, cuando mi primo me trajo ese verano y me la presentó, y me dijo que era "ella", y que era una pajarona, pero que era "ella" de todas maneras. Ahora había cambiado, mi primo la había ido creando, sin forzar nada, imperceptiblemente, haciéndole un mundo, moldeándola, llenándola de vida, colmando su mundo juvenil con su fuerza.
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