Henning Mankell.
viernes, 24 de agosto de 2007
La pirámide (fragmento)
El avión entró en Suecia planeando a poca altura justo al oeste de Mossby Strand. La niebla pendía espesa sobre la costa pero se aclaraba al llegar a tierra firme. La silueta de la orilla y las primeras casas se precipitaban hacia el piloto. Pero él ya había realizado aquel viaje muchas veces y pilotaba a base de reloj y brújula. Tan pronto como hubo sobrevolado la frontera sueca, identificó la playa de Mossby y las luces que bordeaban la carretera hacia Trelleborg, describió un giro brusco hacia el noreste y, poco después, otro más hacia el este. El avión, un Piper Cherokee, obedecía con suavidad. Se colocó sobre una calle bien preparada de antemano. Una vía que discurría como una linde de una zona de Escania donde las casas eran contadas. Faltaban pocos minutos para las cinco de la mañana del 11 de diciembre de 1989. A su alrededor, la oscuridad era compacta. Cada vez que volaba de noche, pensaba en su primer año de piloto, cuando trabajó como capitán para una compañía griega que, de forma nocturna y clandestina, transportaba tabaco desde la entonces Rodesia del Sur, gravada a la sazón por un sinnúmero de sanciones internacionales. Aquello sucedió entre 1966 y 1967, hacía ya más de veinte años. Pero aquel recuerdo no abandonaba su memoria. Fue entonces cuando aprendió que un buen piloto podía volar incluso de noche con un mínimo de recursos y sin contacto alguno por radio.
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