Sus ojos azul eléctrico chispeaban de inteligencia. Cada detalle de su cuerpo (piel tostada; fantasmas del maquillaje; bucles de cabello en aparente desorden sobre las orejas; rabioso perfume; formas exactas del busto; cintura, caderas, espalda, trasero, muslos, pantorrillas; vestido negro y breve; medias con reflejos) denotaba el esmero de alguien que vive (bien) de las posibilidades de su aspecto. Es bailarina, pensé, o modelo, o modelo y bailarina, o actriz y modelo, o bailarina y actriz.
Su sonrisa era un lupa: la colocó ante mis ojos y su belleza se me hizo inmensa y complicada, como debe de ser la de una una flor para una abeja.
Su sonrisa era un lupa: la colocó ante mis ojos y su belleza se me hizo inmensa y complicada, como debe de ser la de una una flor para una abeja.
José Carlos Somoza.
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