Ramiro Pinilla.
miércoles, 24 de enero de 2007
La higuera (fragmento)
Hay que andar con pies de plomo con esto de las denuncias. Hace semanas, creo que en un pueblo que se llama Mondragón, sacamos de su casa a un pobre hombre que nos juraba que él siempre había sido de Franco. Supimos que era verdad cuando nos alcanzó su mujer agitando nuestra roja y gualda, que tuvieron bien escondida durante el dominio rojoseparatista. Estoy seguro de que nunca hemos ejecutado a nadie por error. Me refiero a los lloriqueos de algunos rojos cuando sacamos las pistolas: «¡Soy de derechas, voy a misa, me persigue la República, Franco es nuestro salvador!», gimotean. Nos reímos de su miedo. Los rojos no se nos despintan, los olemos a distancia. Lloren o no, huelen lo mismo. Los que gritan en el paredón ¡viva la República! gritan por ellos y por los cagados.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
No me gusta la historia, por que tenemos que ser de un color u otro, no podemos ser simplemente amigos, que importa el color del alma.
Ser de distintos colores es inevitable. Por eso es tan importante respetar a los demás.
Publicar un comentario