Dije que sí, que iría. Una vez más. A solas.
Siga el camino hundido por el centro. Ya puede
uno salir, gritar, hacerse el loco (etcétera.)
Huele a rocío. Algunos perros ladran. No sé ...
— La luz no es cosa nuestra ni de nadie. Lo dije.
Dije que sí. A oscuras todavía. El mar,
la luz, la piedra: ¿qué sabemos, qué podemos
saber nosotros de la luz, el mar (y sólo
son ejemplos), la piedra, esta mañana, aquí?
Hace frío. Se nota que ha empezado el invierno
verdadero. No sé ... Dije que sí, que iría.
Para mirar. ¿De quién son estos pocos signos
que quedan? Todavía, en el puerto, los últimos
profetas de la noche: cantan desesperados
y maldicen. (La luz contra la piedra. El mar
contra la luz. Ah, máquina implacable.) No sé ...
Dije que iría, sí. Una vez más. A solas.
Siga el camino hundido por el centro. Ya puede
uno salir, cantar, encaramarse (etcétera.)
¿A quién espero o quién espera algo de mí?
Vicente Valero.
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