jueves, 25 de octubre de 2007

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Para Teresa, de Julio Cortázar.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Ceremonia recurrente

El animal totémico con sus uñas de luz,
los objetos que junta la oscuridad debajo de la cama,
el ritmo misterioso de tu respiración, la sombra
que tu sudor dibuja en el olfato, el día ya inminentemente.
Entonces me enderezo, todavía batido por las aguas del sueño,
vuelvo de un continente a medias ciego
donde también estabas tú pero eras otra,
y cuando te consulto con la boca y los dedos, recorro el horizonte de tus flancos
(dulcemente te enojas, quieres seguir durmiendo, me dices bruto y tonto,
te debates riendo, no te dejas tomar pero ya es tarde, un fuego
de piel y de azabache, las figuras del sueño)
el animal totémico a los pies de la hoguera
con sus uñas de luz y sus alas de almizcle.

Y después despertamos y es domingo y febrero.
Julio Cortázar.

martes, 16 de octubre de 2007

Para Laura

Es la infancia otra vez, su peluca de bosque.
Y así como los pájaros perdonan
he aprendido que el día es un cuarto cerrado.
Ábrelo, tú que sabes.
Y las ciudades saltan y volvemos a ver.

Me he perdido en la casa.
Las estrellas manchadas de betún
no daban nada más a quien todo lo tuvo.
Volé con mis hermanos en la tierra amarilla,
amé el sur de las cosas
y el poder asombroso de un cantante:
dominar lo invisible,
planear invasiones, escribir en el agua,
decretar que eran míos los pasillos del cielo.

El tejado, las ranas croando en otro idioma.
Las cerezas estallan en la frente
y esto es sólo una vez.
Ya tengo treinta años, tú vas a cumplir uno.
Mañana te diré: yo estuve ahí.
Y perdí mi país como tú lo has ganado.
En tus manos Petrarca
es sólo este gorrión.

Pero contigo vuelvo a abrir el mar
y llevo en el bolsillo las llaves de la lluvia,
y el violín de los gatos, y la sal, que sí baila,
y el lápiz del silencio, para pintarle a abril ojos y pies.

Aprende, niña mía.
Los hombres no morimos; solamente
aprendemos a ver
en la ventana rota, mordida por el sol.
José Luis Rey.

domingo, 14 de octubre de 2007

Una noche fría el físico explica

Una noche fría el físico explica
que todo se equilibra, excepto las pequeñas pérdidas
de calor registradas en el transcurso de todo intercambio
de información. Anfitrión angélico, aguarda
a la entrada sacudiendo partículas de nieve
de los hombros de los invitados, cada uno específicamente
sumado a la función para luego restarse
de la posibilidad más fría de la noche.

Einstein él nos dice en su exposición,
entibiando sus alas frente a la chimenea,
su fe inflamada ante la triste conclusión de que x
debe ser igual a más de lo que jamás sabremos,
creyó que dos naturalezas complementarias -llevadas
a los extremos más distantes del universo-
pueden intercambiar aquello que los complementa en un
instante inconsútil.

Mas nadie lo ha comprobado; nuestros instrumentos
carecen del tiempo y del mundo necesarios para demostrar
la lógica angélica. Aún así Einstein advirtió:
Miro tu mirada a través de la habitación
y en esa mirada conjugamos cada instante
del tiempo presente. A través de este espacio exterior
intercambiamos pérdidas involuntarias de calor.

Mientras uno a otro nos miramos las alas,
otros comen y beben para colmar el silencio
que viaja desde las solitarias nebulosas
hasta desvanecerse en destellos
de conversación y constelaciones de viandas.
Pero entre tú y yo, el silencio evidencia
nuestro amor por leyes que no se pueden romper, ni probar.

William Wadsworth.

jueves, 11 de octubre de 2007

Refranes

Una espiga es todo el trigo
Una pluma es un pájaro vivo y cantando
Un hombre de carne es un hombre de sueño
La verdad no se parte
El trueno proclama los hechos del relámpago
Una mujer soñada encarna siempre en una forma amada
El árbol dormido pronuncia verdes oráculos
El agua habla sin cesar y nunca se repite
En la balanza de unos párpados el sueño no pesa
En la balanza de una lengua que delira
Una lengua de mujer que dice sí a la vida
El ave del paraíso abre las alas
Como la marejada verde de marzo en el campo
Entre los años de sequía te abres paso
Nuestras miradas se cruzan se entrelazan
Tejen un transparente vestido de fuego
Una yedra dorada que te cubre
Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio
Con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo
Los días harapientos caen a nuestros pies
No hay nada sino dos seres desnudos y abrazados
Un surtidor en el centro de la pieza
Manantiales que duermen con los ojos abiertos
Jardines de agua flores de agua piedras preciosas de agua
Verdes monarquías

La noche de jade gira lentamente sobre sí misma.
Octavio Paz.

viernes, 5 de octubre de 2007

No es mi aura

No es mi aura, no.
Son las luces de El Corte Inglés.
Lo que ves en mi cara
no es una sonrisa,
es un escaparate.
Es una tienda.
Es una barra libre.
"Entra y coge lo que quieras".
Hoy estoy de rebajas,
hoy acaricio gratis.
Hoy me vendo
a este mar de gente
que espera el semáforo
que tan bien me conoce,
porque no me conoce nada.
Hoy regalo palabras.
Hoy estoy de promoción.
Hoy podría convencer a cualquiera
de que me comprara un rato,
de que me amara toda la vida.
Mañana cambio el escaparate.
Carmen Ruiz Fleta.