- ¿Por qué has dicho antes esas cosas? ¿Qué puede pasarme si voy a Constantinopla?.
- Probablemente nada. Vivirás en medio del lujo, incluso excesivo. Pero siempre serás el emperador de Occidente y esto representaría en cualquier caso un peligro en esos lugares. Alguien podría simplemente utilizarte contra algún otro, como un peón en un juego de mesa, ¿comprendes? Y los peones se sacrifican a veces sin pensarlo ni por un instante para preparar el movimiento siguiente más favorable con el fin de lograr la victoria. En tal caso, serías tú quien pagaría el pato, lamentablemente. Constatinopla es una capital corrupta.
- Tampoco ellos, por consiguiente, son mejores que los bárbaros.
- Todo se acaba pagando en el mundo hijo mío: si un pueblo alcanza un gran nivel de civilización se desarrolla al mismo tiempo también un cierto grado de corrupción. Los bárbaros no son corruptos porque sean bárbaros precisamente, pero también ellos aprenderán pronto a apreciar las bonitas vestiduras, el dinero, las comidas rebuscadas, los perfumes, las bellas mujeres, las hermosas residencias. Todo esto cuesta lo suyo y, para tenerlo, es necesario tanto dinero, tanto que solo la corrupción puede proporcionarlo. De todas formas, no hay civilización que no entrañe un cierto número de actos bárbaros y no hay barbarie que no contenga algún germen de civilización. ¿Me comprendes?.
- Sí, creo que sí. Pero, entonces, ¿qué mundo es este en el que vivimos, Ambrosino?.
- El mejor de los posibles, o el peor de los posibles, según se mire. En cualquier caso, la civilización, a mi juicio, es con creces preferible a la barbarie.
- ¿Y qué es, según tú, la civilización?.
- Civilización significa leyes, ordenamientos políticos, confianza en el derecho. Significa profesiones y oficios, vías y comunicaciones, ritos y solemnidades. Ciencia, pero también arte, sobre todo arte; literatura, poesía como la de Virgilio que hemos leído tantas veces juntos: actividades del espíritu que nos hacen muy parecidos a Dios. Un bárbaro, en cambio, es muy parecido a una bestia. No sé si me explico. Ser parte de una civilización te da orgullo especial, el orgullo de participar en una gran empresa colectiva, la más grande que le haya sido dado llevar al hombre.
- Pero la nuestra, nuestra civilización quiero decir, está muriendo, ¿no es cierto?.
- Sí -- Respondió
Y se quedó un largo silencio.
[...]
Valerio Massimo Manfredi.